En España hace furor la pulserita chip para “trazar” a los niños pequeños. Uno de los dispositivos es una pulserita con un osito panda que tiene un chip en su plástica pancita (Childguard, de la empresa Kidyfroh) de 25 euros; otro, más sofisticado, con GPS, es el Keruve, de 850 euros. El caso de Madeleine McCann hizo explotar las ventas y los nuevos desarrollos. El Childguard suena en el receptor de la madre (padre o tíos) si el niño se aleja a más de 10 metros pero algunas madres lo ajustan a 2 metros, así que con chicos inquietos en el super o shopping suenan los bips todo el tiempo. Un modelo especial del Childguard (producto vasco) avisa si el niño se sumerge 10 cm o más debajo del agua, y es un hit en hogares con piscina. El Keruve, sevillano como sus inventores, surgió como derivado de un producto que pretendía ubicar a enfermos de Alzheimer “despistados”: su GPS permite hallar al niño en cualquier lugar de España, obviamente la pulsera sólo puede ser retirada por el cuidador. Algunos plantean que estos dispositivos visibles pueden atentar contra la integridad física del portador ya que el secuestrador podría utilizar métodos violentos para retirarlos. Por eso, se piensa cada día más en los implantes subcutáneos como estándar para la vida “segura” en la Sociedad del Conocimiento y en un mundo donde el bien más global parece ser el delito. Bip, bip, me alejé demasiado de mi notebook.
¿Tendremos niños “enchipados” en nuestro país? La pregunta, en realidad, solo es cuándo y cuántos.
Fuente: Prince&Cooke.
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24 July 2007 a las 10:14 am
Será tan asi????